Un análisis publicado en la revista Royal Society Open Science ha transformado la comprensión sobre la evolución canina al demostrar que la reducción del tamaño cerebral en los perros ocurrió de forma drástica hace unos 5.000 años. Tras examinar 185 ejemplares modernos y 22 restos prehistóricos, los científicos determinaron que los “protoperros” del Pleistoceno mantenían un volumen cerebral similar al de los lobos. Fue durante el Neolítico Tardío cuando se produjo una caída del 46% en el volumen endocraneal, situándolos en niveles comparables a las razas pequeñas actuales.
Los expertos sugieren que este cambio anatómico pudo ser una respuesta adaptativa a los nuevos entornos sociales de las aldeas humanas. Una de las hipótesis plantea que cerebros más pequeños requieren menos energía, lo que habría sido una ventaja ante la escasez de alimentos. Asimismo, el estudio sugiere que esta reorganización cerebral pudo favorecer un temperamento más cauteloso y alerta, convirtiendo a los perros en sistemas de alarma eficaces dentro de las comunidades. A pesar de esta reducción, el equipo liderado por Thomas Cucchi subraya que la domesticación no disminuyó su inteligencia, sino que la especializó hacia la comunicación y el entendimiento con los humanos.








