Tras una reunión con equipos y fabricantes, la organización ha decidido modificar la arquitectura de las unidades de potencia para el año 2027. El nuevo acuerdo establece que el motor de combustión aportará aproximadamente el 60% de la potencia total, mientras que el sistema eléctrico se reducirá al 40%. Esta decisión surge tras las constantes críticas de pilotos como Max Verstappen y Lando Norris, quienes calificaron la gestión energética actual como deficiente, limitando la capacidad de conducir al límite y provocando diferencias de velocidad peligrosas en pista. El ajuste técnico busca eliminar el efecto “yo-yo” en los adelantamientos y garantizar que los monoplazas mantengan velocidades máximas estables al final de las rectas.
Dentro de las especificaciones acordadas, la potencia del motor de combustión aumentará mediante un mayor caudal de combustible, mientras que el motor eléctrico bajará de 350 kW a 300 kW. Estos cambios obligarán a los equipos a rediseñar componentes críticos como los depósitos de combustible y los sistemas de propulsión. La FIA admitió que estas medidas son necesarias para que los coches sean más intuitivos y seguros, evitando situaciones de riesgo por falta de potencia súbita. Aunque en el pasado Gran Premio de Miami ya se aplicaron ajustes temporales, la reforma integral de 2027 se presenta como la solución definitiva para devolver a la categoría el rendimiento y la competitividad exigidos por los protagonistas del mundial.








