El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó de “totalmente inaceptable” la contrapropuesta presentada por Irán para poner fin al conflicto en Oriente Medio, frustrando las expectativas de una resolución diplomática inmediata. Teherán exigió en su documento el cese del bloqueo naval estadounidense, el fin de la guerra en toda la región —incluyendo los ataques israelíes contra Hezbolá— y la liberación de sus activos congelados en el extranjero. Esta postura ha sido interpretada en Washington como una exigencia de retorno a la situación previa al ataque conjunto del 28 de febrero, lo que supondría un alivio de las sanciones sin garantías suficientes sobre su programa nuclear.
La ruptura del diálogo ha tenido un impacto directo en los mercados energéticos, donde el crudo Brent se disparó hasta rozar los 100 dólares por barril ante la incertidumbre sobre la reapertura del estrecho de Ormuz, ruta por la que transita el 20% del petróleo mundial. Mientras tanto, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, reafirmó que las operaciones no cesarán hasta que las instalaciones de enriquecimiento de uranio iraníes sean desmanteladas. Ante el estancamiento, el Parlamento iraní advirtió sobre el fin de su “moderación”, amenazando con respuestas decisivas contra bases y buques estadounidenses si se producen nuevos ataques, elevando al máximo la tensión en una zona ya afectada por incidentes recientes con drones en Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Catar.








