Las condiciones para el desarrollo del fenómeno de El Niño están tomando forma en el océano Pacífico tropical, con un 80 por ciento de probabilidades de establecerse en los próximos meses y la posibilidad de prolongarse hasta finales de 2026. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), este evento climático global está siendo impulsado por temperaturas inusualmente cálidas en las aguas superficiales y subterráneas del Pacífico ecuatorial, donde se registran anomalías de más de 6 grados Celsius respecto al promedio. El secretario general de la ONU, António Guterres, afirmó con un 90 por ciento de certeza que el fenómeno está llegando a nuestra puerta, advirtiendo que actuará como un factor adicional de calentamiento en un mundo que ya enfrenta temperaturas récord debido al cambio climático.
Por su parte, la secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, señaló que el mundo debe prepararse para un episodio que podría alcanzar una intensidad moderada o incluso fuerte, lo que agravará tanto las sequías como las lluvias intensas y aumentará el riesgo de olas de calor en tierra y océanos. Los expertos miran con preocupación este escenario, dado que el antecedente más reciente de El Niño (2023-2024) se posicionó como uno de los cinco más intensos de la historia y contribuyó significativamente a los récords térmicos globales observados en 2024. Los pronósticos estacionales de la entidad proyectan temperaturas superiores a lo normal en prácticamente todas las regiones del planeta entre junio y agosto de este año.
Aunque cada episodio de El Niño posee características propias, históricamente genera impactos diferenciados según la geografía. Mientras suele provocar lluvias más abundantes en el sur de Sudamérica, el sur de Estados Unidos, el Cuerno de África y Asia central, tiende a generar condiciones extremadamente secas y cálidas en Centroamérica, el norte de Sudamérica, el Caribe, Australia e Indonesia. Para los próximos meses, la OMM prevé un monzón más débil de lo habitual en el sur de Asia y sequías en el Cuerno de África. El organismo recordó que incluso un evento moderado incrementa la probabilidad de inundaciones, incendios forestales y tormentas intensas alimentadas por la energía adicional de las elevadas temperaturas oceánicas.








