El Departamento de Estado de los Estados Unidos hizo público un informe especial de 100 páginas en el que acusa al Gobierno de Cuba de sostener una estrategia sistemática de “espionaje y subversión” dentro del territorio estadounidense durante casi 70 años. Según el documento oficial, La Habana impulsó un modelo de “guerra de desgaste” centrado en la infiltración en esferas gubernamentales, el reclutamiento de activistas, el sabotaje y el respaldo a grupos de extrema izquierda, calificando la histórica confrontación ideológica como una “revolución contra la civilización occidental misma”.
La publicación del informe se enmarca en la creciente presión ejercida por la administración del presidente Donald Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, orientada a forzar un cambio de régimen en la isla caribeña. La presión diplomática y política coincide con la grave recesión económica que afronta Cuba, agudizada tras el bloqueo energético y petrolero aplicado por Washington a inicios de año. Pese a que el texto no anuncia sanciones inmediatas adicionales, detalla vínculos con organizaciones políticas y sociales activas en suelo estadounidense.
Las acusaciones resumen décadas de evaluaciones de inteligencia sobre el alcance del aparato revolucionario cubano en la región y a nivel global. Durante eventos multilaterales recientes, las autoridades de Washington han ratificado la inclusión de Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, argumentando que el extremismo político promovido por la isla representa una de las principales amenazas a la seguridad nacional del país y de sus aliados continentales.








