La llegada del 25 de julio no solo marca la conmemoración de la fundación de Guayaquil, sino también una importante oportunidad económica para los habitantes del cerro Santa Ana. Cada año, la masiva afluencia de turistas que recorre las 444 escalinatas impulsa a los vecinos a convertir corredores y aceras en pequeños puestos de venta improvisados. En estos espacios ofrecen una variedad de gastronomía local que incluye desde maduros con queso y chuzos hasta bebidas frías y bocadillos, permitiendo a muchas familias generar ingresos extraordinarios en una sola jornada.
Los establecimientos formales y las pequeñas tiendas del sector también adaptan su logística incrementando su inventario de insumos para cubrir la alta demanda que se registra desde la tarde hasta la noche. Comerciantes y líderes comunitarios destacan que, aunque esta dinámica forma parte de la economía popular no contabilizada oficialmente, revitaliza el espíritu festivo y la identidad guayaquileña en barrios patrimoniales como Las Peñas, consolidando al circuito turístico del cerro y sus alrededores como un punto de encuentro clave para el festejo y el dinamismo local.








