Ecuador declaró la alerta naranja en el territorio nacional tras la confirmación por parte de organismos internacionales, como la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la NOAA de Estados Unidos, sobre el inicio formal del fenómeno de El Niño. De acuerdo con el sistema oficial de gestión de riesgos, esta categoría señala una amenaza de evento inminente e implica la transición desde una etapa de vigilancia hacia una fase de preparación más activa. La decisión, respaldada por las evaluaciones del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi) y del Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno del Niño (Erfen), busca fortalecer la coordinación entre los organismos de emergencia frente al incremento de precipitaciones en el país.
A diferencia de la alerta amarilla, que funciona como una fase previa de vigilancia ante una amenaza identificada que se aproxima, la alerta naranja exige el despliegue inmediato de medidas preventivas para reducir posibles impactos en la infraestructura y la población. Por su parte, la alerta roja representa el nivel máximo del escalafón y se reserva para cuando el evento ya se encuentra en pleno desarrollo y genera daños directos. Frente al riesgo de inundaciones, desbordamiento de ríos y deslizamientos de tierra debido a la saturación de los suelos, los comités operáticos recomiendan a la ciudadanía y a las instituciones públicas no aguardar a la fase crítica para ejecutar los planes de contención.
El seguimiento de la temperatura del océano Pacífico y de los patrones atmosféricos se mantendrá de forma continua a través del Erfen para evaluar la evolución del fenómeno en la región. Las autoridades han puesto especial atención en las zonas vulnerables de la geografía nacional donde las lluvias intensas suelen ocasionar anegamientos y afectaciones a las vías de comunicación. Con esta declaratoria, el Estado busca optimizar los recursos logísticos y humanos disponibles para mitigar los efectos climáticos asociados a esta fluctuación oceánico-atmosférica.








