Las tensiones políticas entre Francia y España han aumentado tras las críticas vertidas por la extrema derecha y los sectores conservadores franceses hacia la política migratoria del Ejecutivo de Pedro Sánchez. Jordan Bardella, presidente de Agrupación Nacional, y Marine Le Pen han vinculado de forma directa la reciente regularización de personas sin papeles en España con la llegada masiva de migrantes al enclave de Ceuta. Ambos líderes advirtieron que esta situación afecta la seguridad del territorio europeo y propusieron reformar el tratado de Schengen para restringir la libre circulación dentro de la Unión Europea exclusivamente a los ciudadanos comunitarios, además de anunciar la intención de expulsar a las personas en situación irregular.
A las críticas de la formación de Le Pen se sumó el exministro del Interior y líder de Los Republicanos, Bruno Retailleau, quien afirmó que las decisiones laxas del Gobierno español generan un efecto llamada que amenaza con desestabilizar a los países vecinos. Retailleau coincidió en la necesidad de recuperar el control fronterizo e incluso sugirió suspender la libre circulación dentro de Schengen para España, alineándose con posturas manifestadas por la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. Mientras tanto, Bardella solicitó un pleno extraordinario en el Parlamento Europeo para abordar con urgencia la seguridad en las fronteras de Ceuta y Melilla.
Ante la escalada de declaraciones, el Gobierno de Emmanuel Macron reaccionó con el anuncio de un refuerzo en los controles de la frontera terrestre con España. Sin embargo, el entorno presidencial matizó su postura manteniendo canales de diálogo con Madrid y Rabat para dar seguimiento a la situación. Desde el Elíseo se ofreció respaldo al Ejecutivo español para la contención del flujo migratorio, contemplando incluso el despliegue de la agencia europea Frontex en caso de que las autoridades españolas así lo requieran.








