Un informe técnico de agosto de 2026, elaborado por el Ipiap y la Subsecretaría de Calidad e Inocuidad, detectó niveles elevados de cadmio en la jaiba mora (Euphylax dovii), desaconsejando formalmente su consumo humano directo y la elaboración de harina integral con esta especie. Las muestras revelaron concentraciones de 1,17 mg/kg en músculo de hembras y 1,08 mg/kg en machos, superando con creces la Ingesta Semanal Tolerable de 2,5 µg/kg fijada por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Las acumulaciones resultaron ser mayores en las branquias, donde alcanzaron hasta 4,88 mg/kg de cadmio y 23,30 mg/kg de cobre, posicionando al crustáceo como un riesgo alimentario.
Esta problemática sanitaria coincide con un incremento poblacional atribuido a anomalías oceanográficas y al calentamiento del mar durante el fenómeno de El Niño, lo que ha estimulado el metabolismo y la reproducción de esta especie nativa. Manabí registra la mayor afectación al concentrar el 55,7% de los reportes, seguida por Santa Elena (27,7%) y Guayas (10,7%), con una presencia del 61,2% dentro de las primeras dos millas náuticas. Especialistas estiman que la proliferación podría durar entre 6 y 18 meses hasta que la disminución de temperaturas y la regulación trófica natural reduzcan su abundancia.
En el ámbito productivo, la jaiba mora causa estragos a la pesca artesanal al destruir el 92,3% de los aparejos y reducir las capturas de especies comerciales entre un 75% y un 100%. Los pescadores enfrentan graves impactos económicos debido a los gastos operativos de $50 por faena sin retorno financiero y a los elevados costos de reposición de sus herramientas de trabajo. Reemplazar un trasmallo o una red de enmalle deteriorada implica inversiones que van desde los $1.200 hasta los $7.500, mientras que el armado de un espinel de fondo puede costar hasta $1.200.








