Las precipitaciones registradas durante septiembre en el país obedecen a una transición meteorológica asociada al equinoccio y al calentamiento del océano Pacífico, pero no representan aún la presencia del fenómeno de El Niño. Franklin Ormaza, investigador de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol), explicó que eventos como los del 23 de septiembre, cuando la estación del aeropuerto de Guayaquil registró 37,2 milímetros de agua acumulada, constituyeron episodios aislados e intensos producto de la alta humedad, a diferencia de las lluvias continuas características de un fenómeno consolidado.
El especialista indicó que para la llegada definitiva de El Niño deben configurarse cuatro factores fundamentales: el desplazamiento de la zona de convergencia intertropical hacia el sur, el debilitamiento persistente de los vientos alisios, el incremento de la temperatura del mar por encima de los 28 grados en la costa ecuatoriana y un mayor descenso en la profundidad de la termoclina. Según sus estimaciones, estas condiciones terminarían de estructurarse entre finales de noviembre y principios de diciembre de 2026, extendiendo sus efectos hasta mediados de 2027 en el litoral costero.
Finalmente, Ormaza destacó que la acumulación de agua y las afectaciones observadas en septiembre deben servir como una advertencia temprana para que las autoridades y comunidades identifiquen sus puntos vulnerables. Con este margen de tiempo, las intervenciones pueden enfocar la limpieza de drenajes, el refuerzo de infraestructura y la capacitación comunitaria antes de que comience el periodo formal de precipitaciones continuas.








