En una zona caracterizada por fuertes vientos en el noroeste de China, se ha puesto en funcionamiento una gigante estructura de 360 metros de altura que rivaliza con la escala de un rascacielos. Ubicada en el condado autónomo kazajo de Mulei, dentro de la región de Xinjiang, la torre se posiciona como la más alta de su tipo en la industria eólica global. La instalación forma parte de un parque experimental de energía eólica de 800 megavatios y, aunque no genera electricidad por sí misma, tiene la función crítica de medir con exactitud la velocidad, dirección, cizalladura y turbulencia del viento a diferentes altitudes.
Los datos obtenidos permitirán investigar el potencial de los vientos a gran altura para facilitar que los fabricantes diseñen aerogeneradores de mayor capacidad y envergadura. Integrada con sensores lidar y sistemas de monitoreo de estelas, esta plataforma servirá también para ensayar nuevas tecnologías y actualizar las normas chinas del sector. La iniciativa refuerza el papel estratégico de Xinjiang en la transición energética, una región dotada de más de 1700 horas de sol anuales y vientos de 8,2 metros por segundo, donde las fuentes renovables ya constituyen el 65 % de la capacidad instalada total.








