Los robos bajo la modalidad de aturdir a las víctimas experimentan un marcado incremento en la capital ecuatoriana. De acuerdo con datos brindados por el jefe de la Brigada Anticriminal, Eduardo Serrano Guanín, entre enero y septiembre de 2026 se contabilizaron 593 casos de esta índole dentro de un universo estimado de 4000 robos a personas en Quito. Esta cifra representa un aumento del 36 % respecto a los 435 casos reportados a lo largo de todo 2025. Los reportes policiales indican que el 81 % de las víctimas son hombres y que los ilícitos se concentran principalmente en los distritos Eugenio Espejo, Quitumbe, Eloy Alfaro y Manuela Sáenz durante los fines de semana y feriados, en un horario que abarca desde las 20:00 hasta las 03:00.
Las investigaciones técnicas revelaron además que la tradicional escopolamina ha sido paulatinamente reemplazada por fármacos controlados y medicamentos psiquiátricos, como benzodiacepinas del tipo clonazepam, diazepam, alprazolam y midazolam. Estos compuestos son administrados mediante cócteles mezclados con bebidas alcohólicas para potenciar su efecto depresor en el sistema nervioso. La Policía advierte que los delincuentes captan a sus víctimas en bares, discotecas o mediante aplicaciones de citas para convencerlas de trasladarse a inmuebles privados. Sin embargo, la falta de reactivos para pruebas toxicológicas inmediatas en ciertos centros hospitalarios dificulta la comprobación médica exigida por el marco legal para aplicar los agravantes del delito.
Frente a la migración de estas bandas hacia otras urbes del país y el decomiso de fármacos adquiridos de forma ilícita, las autoridades aconsejan extremar precauciones en espacios de entretenimiento nocturno. Entre las principales recomendaciones constan no perder de vista los alimentos ni las bebidas, abstenerse de revelar información sobre claves bancarias o bienes personales a desconocidos y acudir inmediatamente a una casa de salud ante cualquier sospecha de intoxicación por sustancias químicas.








