Austria inauguró formalmente una comisaría en la casa natal de Adolf Hitler con el objetivo de erradicar los actos de peregrinación de grupos de extrema derecha y neutralizar el valor simbólico del lugar. El inmueble del siglo XVII, ubicado en la localidad de Braunau am Inn, fue sometido a una profunda remodelación de 20 millones de euros que modificó su aspecto exterior, sustituyendo el revestimiento amarillo por una fachada blanca. Durante el acto oficial, encabezado por autoridades locales y del Ministerio del Interior, se destacó la importancia de encarar la historia nacional y asumir la responsabilidad histórica frente a los crímenes del nazismo.
El destino del edificio se resolvió tras un extenso proceso legal que incluyó la expropiación del inmueble en 2016 e indemnizaciones a la antigua propietaria. Aunque se descartó la demolición para no evadir la memoria histórica, la comisión de expertos optó por su uso institucional para evitar que se convirtiera en un punto de reunión extremista. Pese a la apertura de las dependencias policiales y la conservación de una placa en homenaje a las víctimas del fascismo, el proyecto continúa generando debate entre asociaciones de supervivientes, que expresan dudas sobre la efectividad de la medida para disuadir la presencia de simpatizantes neonazis.








