La avenida Víctor Emilio Estrada, emblemático eje comercial de la ciudadela Urdesa en el norte de Guayaquil, exhibe un panorama de contracción económica reflejado en cerca de 30 locales desocupados o con anuncios de arrendamiento y venta. Aunque la zona experimentó un notable crecimiento en años recientes con la transformación de antiguas viviendas en modernas plazas comerciales y agencias bancarias, los comerciantes actuales señalan que la apertura de un negocio ya no garantiza su sostenibilidad. De acuerdo con los testimonios recogidos en el sector, la deserción de establecimientos responde a una combinación de factores que incluye el encarecimiento de los cánones de arrendamiento, el incremento de los costos operativos y una considerable disminución de clientes habituales.
El temor ante la inseguridad ciudadana y presuntas redes de extorsión constituye otro de los detonantes clave para el cierre prematuro de los locales. Comerciantes y cuidadores de vehículos del sector explicaron que, tras eventos violentos como un atentado con explosivos contra un negocio de telefonía registrado meses atrás, muchos propietarios optaron por blindar sus dinámicas atendiendo a puerta cerrada o restringiendo los accesos. Pese a que se reporta un incremento en los patrullajes de la Policía y las Fuerzas Armadas, los trabajadores sostienen que los controles suelen ser temporales, lo que mantiene en vilo a los propietarios, quienes en su mayoría prefieren guardar silencio y no denunciar formalmente las amenazas por temor a represalias contra sus familias.








