El mercado de blindaje vehicular registra un crecimiento sostenido en Quito, impulsado por una mayor preocupación por la seguridad y por la creciente accesibilidad de estos sistemas de protección. Aunque las estadísticas oficiales muestran una reducción de los hechos violentos en comparación con el año anterior, ciudadanos y empresas continúan invirtiendo en medidas de autoprotección, entre ellas el refuerzo de automóviles mediante tecnologías especializadas.
Nicolás Reyes, gerente de la corporación Maresa, explicó que la demanda ha aumentado significativamente en los últimos años y que actualmente existe una amplia oferta de blindajes adaptados a distintos tipos de vehículos y presupuestos. Según detalló, los sistemas utilizan materiales como vidrios balísticos, Kevlar y acero balístico, instalados bajo estándares internacionales para garantizar la protección sin afectar el funcionamiento mecánico de los automotores. Además, señaló que los blindajes se han convertido en una alternativa preventiva más accesible que en décadas anteriores.
La evolución tecnológica también ha modificado el nivel de protección solicitado por los clientes. Mientras hace una década predominaban los blindajes diseñados para resistir disparos de armas cortas, actualmente existe una creciente demanda de niveles superiores, como NIJ III, NIJ IV, BR6 y BR7, capaces de soportar impactos de fusiles de asalto. Este cambio refleja una transformación en la percepción del riesgo y en las necesidades de seguridad de quienes optan por este tipo de servicios.
El crecimiento del sector ha sido notable. De acuerdo con datos citados por representantes de la industria, el número de vehículos blindados en Ecuador pasó de poco más de 3.000 unidades en 2021 a más de 26.000 en los últimos años. Los costos varían según el nivel de protección y el tipo de vehículo, con precios que comienzan alrededor de los 8.000 dólares para automóviles compactos y pueden superar los 50.000 dólares en camionetas y SUV de alta gama.
Por su parte, el asesor corporativo de seguridad Luis Parreño destacó que el principal beneficio de un vehículo blindado es proporcionar tiempo de reacción ante una amenaza, permitiendo a los ocupantes abandonar zonas de riesgo y buscar resguardo. Mientras tanto, representantes del sector consideran que la normativa vigente, administrada por la Agencia Nacional de Tránsito (ANT), podría flexibilizarse para facilitar el acceso a estos sistemas. Todo esto ocurre en un contexto en el que las cifras oficiales reflejan una disminución de homicidios, pasando de 935 casos registrados en mayo de 2025 a 676 en mayo de 2026, una reducción cercana al 28%.








