El ministro de Relaciones Exteriores de la dictadura cubana, Bruno Rodríguez, endureció la postura oficial del gobierno isleño al declarar que cualquier intento de incursión o despliegue bélico por parte de las fuerzas armadas de los Estados Unidos desencadenaría un enfrentamiento de magnitudes trágicas en la región. Las afirmaciones del diplomático surgen como respuesta a la filtración de informes de las agencias de seguridad norteamericanas, los cuales exponen la adquisición por parte del régimen de más de trescientos drones de combate de procedencia rusa e iraní, presuntamente destinados a operar cerca de zonas estratégicas del Caribe.
El incremento de la tensión bilateral motivó una reciente visita oficial a la capital cubana por parte del director de la Agencia Central de Inteligencia, John Ratcliffe, quien transmitió una advertencia formal a las autoridades locales para que desistan de cooperar con gobiernos considerados adversarios estratégicos de Washington. Por su parte, la representación gubernamental de La Habana rechazó los señalamientos de hostilidad y acusó a la Casa Blanca de estructurar una campaña mediática y política para justificar una agresión militar, argumentando que la única presencia armada extranjera en su territorio corresponde a la base naval estadounidense en Guantánamo.








