El Banco de Inglaterra ha reforzado su posición como el segundo custodio de oro más grande del mundo tras recibir 86 toneladas métricas de oro pertenecientes al banco central de Países Bajos, las cuales se encontraban previamente depositadas en Estados Unidos y Canadá. La operación, valorada en casi 12.000 millones de dólares, implicó tanto transacciones financieras en Nueva York como el traslado físico de más de 27 toneladas a través del Océano Atlántico hacia el complejo subterráneo de la institución ubicado en la emblemática calle Threadneedle Street de Londres.
Especialistas del sector financiero señalan que este movimiento refleja un cambio en la percepción de riesgo y confianza hacia las reservas custodiadas en territorio estadounidense, contexto influenciado por la elevada deuda de dicho país y tensiones geopolíticas internacionales. Aunque la seguridad física del búnker británico —que alberga cerca del 3% de todo el oro extraído en la historia— es un factor determinante, los analistas destacan que la principal ventaja de Londres radica en su capacidad para ofrecer liquidez inmediata, permitiendo a los Estados comerciar o respaldar operaciones cambiando la titularidad de los lingotes sin necesidad de desplazarlos.
No obstante, la custodia de reservas soberanas en jurisdicciones extranjeras mantiene riesgos asociados a posibles disputas políticas o bloqueos legales, situación evidenciada en episodios históricos y disputas judiciales recientes. A pesar de estas variables, la infraestructura certificada y la tradición del mercado londinense continúan atrayendo a diversas instituciones bancarias del mundo que buscan optimizar la gestión de sus activos de reserva.








