Una investigación publicada en la revista Science Advances reveló que el incremento en las temperaturas de las aguas oceánicas está limitando la disponibilidad de nutrientes en gran parte del planeta. El estudio, que combina observaciones de teledetección de la NASA, campañas oceanográficas y pruebas genéticas, determinó que este fenómeno genera un estrés nutricional en los microorganismos marinos microscópicos, lo cual podría alterar de forma progresiva la estabilidad de las redes tróficas globales, dado que el fitoplancton constituye la base de la vida en los océanos.
Para evaluar el estado del plancton sin necesidad de medir directamente los compuestos químicos en el agua, los científicos monitorearon los cambios en la proporción de carbono y clorofila detectados desde el espacio por el sensor MODIS del satélite Aqua de la NASA. Una disminución de clorofila en relación con el carbono es un indicador de que el plancton está bajo estrés. Los expertos cruzaron estas dos décadas de registros satelitales con muestras de ADN del microbio marino Prochlorococcus, obteniendo un mapa global detallado sobre la salud y las dificultades de estas poblaciones microbianas.
Las evidencias más severas de escasez de nitrógeno, hierro y fósforo se localizaron en los grandes giros subtropicales de los océanos Atlántico, Pacífico e Índico. En estas zonas tranquilas, el calentamiento de la superficie genera una capa de agua cálida y de baja densidad que flota de forma muy estable sobre las aguas profundas, frías y densas. Esta estratificación térmica actúa como una barrera física que bloquea el afloramiento natural de los nutrientes hacia la superficie, afectando con mayor dureza a regiones como el Pacífico Sur.
No obstante, el análisis arrojó sorpresas evolutivas, como una menor afectación por deficiencia de fósforo en ciertas zonas del Atlántico Norte debido a la capacidad del fitoplancton para reciclar de forma eficiente sus propias moléculas. Asimismo, aunque los datos recogidos entre 2002 y 2021 muestran un aumento de la temperatura superficial en el 90% del área analizada y una intensificación general del estrés hídrico-nutricional, en el hemisferio sur el impacto fue menor al proyectado. Los investigadores sospechan que la presencia de microbios capaces de capturar nitrógeno directamente del aire dota a los ecosistemas de una resiliencia superior a la estimada por los modelos climáticos tradicionales.








