El presidente de Francia, Emmanuel Macron, calificó como “actos sediciosos” las violentas manifestaciones y saqueos registrados el pasado fin de semana en varias ciudades del país, atribuyendo los disturbios a grupos organizados de ultraizquierda que buscan derrumbar la institucionalidad republicana. Tras mantener una reunión de alto nivel con los servicios de inteligencia en el Elíseo, las autoridades decidieron imponer tres noches de toque de queda en sectores clave de urbes como París y Lyon, luego de que las jornadas de protesta por el elevado costo de la vida derivaran en enfrentamientos y en la destrucción parcial del ayuntamiento de Limoges.
La ola de descontento social sacude al Ejecutivo francés en la antesala de los comicios presidenciales de abril y mayo, para los cuales la oposición de ultraderecha encabeza las encuestas. Ante los llamados de los sindicatos y del movimiento de los chalecos amarillos para realizar nuevas protestas este sábado y una huelga general el 5 de noviembre, el Ministerio del Interior anunció un incremento del 20 % en el pie de fuerza de la seguridad pública. El operativo incluirá el despliegue de vehículos blindados, unidades policiales de élite y efectivos de la misión militar Sentinelle, al tiempo que diversos municipios han comenzado a aplicar restricciones y prohibiciones a las marchas.








