La erosión de quebradas y laderas se ha consolidado como una de las principales amenazas estructurales para Quito ante el incremento de las lluvias asociadas al fenómeno de El Niño. De acuerdo con la fundación Quebradas Vivas, el Distrito Metropolitano alberga 818 quebradas y 94 ríos, de los cuales solo 345 cuentan con priorización para su atención, dejando expuestas a numerosas zonas residenciales por la fuerza del agua que llega a través de los colectores de alcantarillado e incrementa el desgaste de los taludes en sectores de alto riesgo como las cuencas de los ríos Monjas y Machángara.
La problemática impacta de manera directa a sectores como Jatunhuayco en Nayón, Carretas en la avenida Simón Bolívar y La Lucha de los Pobres, afectando a miles de predios por el exceso de caudales y descargas residuales. Ante esta situación, activistas y técnicos señalan que la falta de campañas permanentes de concienciación y la escasa capacidad operativa del municipio agravan el deterioro ambiental de estos ecosistemas, incrementando la posibilidad de deslizamientos de tierra que comprometen la seguridad de las familias asentadas en sus bordes.
Frente a este escenario, la fundación insta al cabildo capitalino a cumplir con las normativas vigentes, como la ordenanza Verde-Azul, mediante la creación de una unidad ejecutora específica y la colocación de campamentos con maquinaria permanente en territorio. Asimismo, recuerdan la vigencia de sentencias constitucionales de reparación que exigen a las autoridades locales asumir una gestión integral de prevención, control de descargas y mantenimiento continuo para evitar desastres mayores durante la época invernal.








