La actual temporada invernal en Guayaquil ha transformado el mapa de riesgos de la ciudad, afectando a sectores del sur que tradicionalmente se consideraban a salvo de las inundaciones. Moradores de zonas como La Floresta y Las Esclusas reportan que, tras las lluvias del pasado 18 de febrero, vías principales como la avenida 25 de Julio se convirtieron en auténticos ríos, obligando a los peatones a movilizarse con mudas de ropa extra debido a que el agua superó el nivel de las rodillas. Según Segura EP, el monitoreo constante ha permitido identificar 101 puntos críticos de anegación en toda la urbe, de los cuales 27 están directamente relacionados con la combinación de marea alta y acumulación de basura en los sumideros.
Especialistas urbanísticos y climatológicos coinciden en que el problema responde a una mezcla de factores geográficos, infraestructura obsoleta y crecimiento poblacional. El urbanista Félix Chunga señala que el sistema de drenaje actual fue diseñado para una ciudad mucho más pequeña y que la sedimentación del río dificulta el flujo del agua. Ante este escenario, expertos de la Espol sugieren la actualización urgente de los mapas de riesgo mediante modelos digitales de elevación y proponen la transición hacia una “ciudad esponja”. Este concepto busca integrar soluciones basadas en la naturaleza, como el aumento de áreas verdes y el rediseño del sistema pluvial, para que Guayaquil pueda gestionar de manera eficiente las precipitaciones que, según las proyecciones, continuarán durante el resto de marzo.








