La guayabera continúa ocupando un lugar destacado en el armario de los guayaquileños, especialmente entre profesionales que la eligen por su frescura, elegancia y valor afectivo. Utilizada de forma masiva desde la década de 1930 en reuniones sociales, actos protocolares y actividades cotidianas, esta prenda de lino o algodón destaca por sus característicos pliegues verticales, bolsillos y acabados artesanales. En el marco de las fiestas octubrinas, abogados y trabajadores del casco urbano reafirman su preferencia por esta vestimenta frente al terno tradicional, motivados por el intenso calor y la influencia familiar recibida desde la infancia.
Para muchos usuarios, llevar guayabera representa también un vínculo generacional que trasciende al ámbito laboral y personal. A través de detalles como el bordado de iniciales personalizadas o la selección diaria de tonos variados, la prenda combina la practicidad con una identidad ligada a la memoria de sus padres. Aunque las nuevas generaciones muestran cierta reticencia a adoptarla en su vestuario cotidiano, quienes la portan con frecuencia continúan recomendando su confección artesanal, proyectando a la guayabera como un referente vigente de la identidad local.








