La guerra en Oriente Medio ha sufrido una grave escalada este miércoles tras el restablecimiento del bloqueo naval estadounidense sobre los puertos iraníes y el cierre del estratégico estrecho de Ormuz. Esta reanudación de las hostilidades deja prácticamente sin efecto el memorándum de entendimiento firmado en junio, el cual buscaba consolidar el alto el fuego alcanzado en abril y poner fin a un conflicto armado que inició el pasado 28 de febrero. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó una dura advertencia a Teherán a través de una entrevista televisiva, asegurando que los ataques se intensificarán la próxima semana contra objetivos de infraestructura civil, como puentes y centrales eléctricas, a menos que el gobierno iraní retome el diálogo diplomático.
Los combates se reactivaron formalmente el 7 de julio a raíz de una serie de agresiones contra buques mercantes en el Golfo, incidentes que Washington atribuye a las fuerzas de Irán. En las últimas horas, el ejército estadounidense confirmó una nueva oleada de bombardeos dirigidos a debilitar la capacidad militar iraní, impactando infraestructuras como un cuartel en Iranshahr, donde murieron siete militares, y la ciudad portuaria de Bushehr, sede de la única planta nuclear del país. Por su parte, el gobierno iraní reporta que la cifra de civiles fallecidos supera los 30 desde el reinicio de las acciones bélicas, mientras que Israel, que participó en el inicio de la contienda junto a Estados Unidos, ha optado por mantenerse al margen de estos nuevos enfrentamientos.
En represalia por la ofensiva y el bloqueo económico, los Guardianes de la Revolución de Irán lanzaron ataques nocturnos contra instalaciones de la Quinta Flota estadounidense en Baréin y centros logísticos en Kuwait y Jordania, advirtiendo que el estrecho de Ormuz permanecerá cerrado de forma indefinida. La clausura de esta vía marítima, vital para el tránsito global de petróleo y gas, ha encendido las alarmas de la ONU debido a las graves consecuencias humanitarias y socioeconómicas que representa la interrupción del comercio de suministros básicos. El fondo de la disputa radica en el control del paso marítimo, donde Irán pretende cobrar peajes de tránsito, mientras la Casa Blanca busca presionar económicamente a Teherán utilizando el bloqueo de sus rutas de exportación.








