Cuando una enfermedad grave golpea, el debilitamiento físico y el aislamiento suelen venir acompañados de una profunda desolación. Frente a esta realidad, un grupo de mujeres en Ecuador encontró una manera de transformar el dolor en compañía a través de la confección de cobijas artesanales que trascienden fronteras. La iniciativa nació hace cuatro años en el seno de la familia Chauvin, conformada por trece integrantes entre hermanas, tías y sobrinas de entre 43 y 82 años, quienes se unieron originalmente para apoyar a una prima diagnosticada con cáncer. Desde entonces, el colectivo ha tejido y entregado de forma gratuita más de ochenta mantas coloridas a personas que atraviesan tratamientos oncológicos, situaciones emocionales complejas o procesos de hospitalización tanto en el territorio ecuatoriano como en países de Europa y Norteamérica.
Para testimonios como los de Ivo Garzón, quien padece una vasculitis cutánea autoinmune diagnosticada en 2025, y María Fernanda Torres, sobreviviente de cáncer y leucopenia aguda, recibir estas piezas representó un soporte emocional indispensable en sus etapas más críticas de internamiento y recuperación. Las beneficiarias describen las mantas como un abrazo colectivo y un recordatorio de que no están solas en su lucha. De acuerdo con las tejedoras, cada cuadrado que compone la prenda es elaborado con recursos propios y pensando detalladamente en la historia del destinatario, fusionando la fuerza femenina con la meditación y el arte de sanar para dar origen a una verdadera cadena de favores que acompaña a los pacientes incluso dentro de los quirófanos.








