La histórica ola de calor extremo que azota a varios países del centro y sureste de Europa alcanzó este martes su punto crítico, registrando temperaturas inéditas que han puesto en evidencia la falta de preparación de la infraestructura de la región para afrontar los efectos del cambio climático. El fenómeno meteorológico, catalogado como el más intenso y prolongado desde que se tienen registros, llevó los termómetros a un máximo histórico de 40,1 grados en Austria y a un nuevo récord de 42 grados en Szécsény, al norte de Hungría. Las autoridades de ambos países informaron sobre un desmesurado incremento en el consumo de agua potable y energía eléctrica, lo que obligó a los gobiernos locales a solicitar restricciones en el uso domiciliario de los servicios básicos y a plantear suspensiones temporales en el suministro de ciertas localidades.
La situación se tornó igualmente crítica en Rumanía y Bulgaria, donde los servicios meteorológicos extendieron las alertas máximas ante picos de calor de hasta 41 grados antes de la llegada de un frente de tormentas. En territorio rumano, las elevadas temperaturas causaron el derretimiento de materiales bituminosos y deformaciones en las vías, obligando a suspender el servicio de tranvías en Timisoara y a restringir el tránsito de vehículos pesados, una medida replicada en 15 regiones de Bulgaria para camiones de más de 20 toneladas. Pese al adverso panorama que también dejó máximas de 41 grados en los Balcanes occidentales y afectaciones por deslizamientos de lodo en zonas montañosas de Austria, los expertos prevén un notable alivio térmico a partir de esta noche con la entrada de un frente de mal tiempo que estabilizará el clima de la región.








