La Organización Mundial de la Salud inauguró su reunión anual en Ginebra en un escenario complejo definido por emergencias sanitarias globales y divisiones diplomáticas. Aunque el reciente brote de hantavirus detectado en un crucero no forma parte de la agenda oficial, acapara la atención de las delegaciones junto con el nuevo brote de ébola en la República Democrática del Congo. El director general del organismo, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió que estos episodios reflejan la vulnerabilidad de un mundo afectado por conflictos, crisis económicas y cambio climático, mientras que desde la ONU se denunció que los recortes en la ayuda internacional han desestabilizado los sistemas de salud pública.
La asamblea también enfrenta la incertidumbre sobre la situación legal de Estados Unidos y Argentina, naciones que anunciaron su salida de la organización a inicios de 2025. El retiro estadounidense se mantiene en una zona gris debido a que Washington mantiene deudas financieras pendientes por cuotas anuales, mientras que la solicitud de Argentina genera debates sobre la falta de cláusulas de salida en la constitución de la entidad. Paralelamente, las diferencias entre países desarrollados y en desarrollo han retrasado por un año más las negociaciones del tratado global sobre pandemias, en una semana donde además comenzarán a perfilarse las candidaturas para la elección del próximo director de la institución y se evaluarán reformas estructurales a la arquitectura sanitaria mundial.








