El Cuerpo de Bomberos de Quito se mantiene en alerta máxima ante la llegada de septiembre, previsto como el mes más complejo de la temporada seca en la capital debido a los efectos del fenómeno El Niño, que ha acentuado la sequía en la Sierra. En los últimos tres meses (junio, julio y agosto), los organismos de socorro han controlado 118 incendios forestales que han destruido 1.116 hectáreas de vegetación en zonas vulnerables como Calacalí, Tumbaco, Los Chillos, Conocoto y el Parque Geobotánico Pululahua. A esto se suman 1.386 eventos por quemas de basura y desechos agrícolas, atendidos de forma incipiente para evitar desastres mayores.
A pesar de las agresivas condiciones climáticas —con temperaturas superiores a los 30 °C y ráfagas de viento de hasta 50 km/h—, la respuesta institucional ha logrado reducir la magnitud de los incendios en comparación con años anteriores. El capitán Jefferson Mera, director de Operaciones de los Bomberos, destacó que la capacidad de respuesta inmediata y las campañas de sensibilización comunitaria iniciadas en el primer semestre han evitado la pérdida masiva de cobertura vegetal, citando como ejemplo el siniestro en Tanlahua, donde solo 21 de las 3.000 hectáreas del Pululahua sufrieron afectaciones.
A la par del contingente operativo, la Agencia Metropolitana de Control (AMC) y la Policía Nacional han reforzado las sanciones administrativas y penales contra quienes provocan fuego. Se han iniciado cerca de 200 procesos sancionatorios con multas que pueden alcanzar los $ 36.150 por quemas a cielo abierto. Asimismo, las autoridades lograron la detención de un ciudadano por el incendio en San José de Monjas, quien actualmente cumple prisión preventiva en el marco del Código Orgánico Integral Penal, normativa que contempla penas de uno a tres años de cárcel para los responsables de incendios forestales.








