La reciente reapertura del estrecho de Ormuz ha generado un desplome inmediato en los precios internacionales del crudo, pero este alivio tardará semanas o incluso meses en reflejarse plenamente para los consumidores. Pese al anuncio de libre tránsito por parte de Estados Unidos e Irán, el mercado enfrenta un “embotellamiento” de más de 150 buques petroleros que han permanecido varados durante el conflicto. Analistas energéticos señalan que, a diferencia de los aumentos súbitos, los descensos en las gasolineras suelen ser graduales debido al tiempo que requiere el transporte hasta las refinerías y la normalización de la producción en plantas dañadas de Arabia Saudita y Kuwait.

Además del tráfico marítimo, persisten graves preocupaciones sobre la seguridad que elevan los costos de transporte y seguros. La posible presencia de minas y la incertidumbre sobre la cooperación total del régimen iraní mantienen en alerta a los propietarios de las embarcaciones. Profesores de ingeniería y economía energética estiman que el proceso de refinación y distribución de los productos derivados del petróleo acumulado podría tomar hasta tres meses para estabilizarse. Mientras tanto, aunque se espera una baja de pocos centavos por litro en el corto plazo, los niveles previos a la guerra no se alcanzarán de forma inmediata.








