Una investigación de The Wall Street Journal señala que la administración de Donald Trump optó por respaldar a Delcy Rodríguez como figura de transición en Venezuela, postergando las aspiraciones de María Corina Machado. Esta determinación se fundamentó en recomendaciones de la CIA, influenciadas por sectores del lobby energético que consideraban a Machado una opción arriesgada para la infraestructura petrolera. Ali Moshiri, exejecutivo de Chevron, habría sido una pieza clave al asesorar a la agencia sobre la capacidad de Rodríguez para mantener la operatividad de los yacimientos y negociar con corporaciones occidentales. Según el reporte, Washington priorizó evitar un escenario de inestabilidad interna, validando a la exvicepresidenta como una interlocutora pragmática para garantizar el flujo de crudo hacia el mercado estadounidense.

Desde el cambio de mando, las operaciones de las petroleras norteamericanas han mostrado un crecimiento sostenido, con proyecciones de aumentar la producción nacional en un 50 % durante los próximos dos años. No obstante, esta estrategia ha generado críticas por parte de sectores que exigen una apertura democrática genuina, señalando que la transición política permanece estancada y sin cronogramas electorales claros. Analistas internacionales advierten que, pese al restablecimiento de relaciones diplomáticas, la permanencia de cientos de presos políticos y el exilio de líderes opositores ponen en duda el compromiso con un cambio de régimen real. La Casa Blanca enfrenta ahora el dilema de equilibrar sus intereses de seguridad energética con la presión internacional por restaurar el orden constitucional en el país sudamericano.








