La tensión en Oriente Medio ha alcanzado un nuevo punto crítico este miércoles tras el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra refinerías de gas en la Zona Económica Especial de Energía de Pars Sur, en la costa sur de Irán. El Ejército iraní reaccionó de inmediato calificando la ofensiva como un “crimen de guerra” y advirtiendo que el conflicto ha mutado de batallas limitadas a una “guerra económica a gran escala”. Según fuentes militares citadas por la agencia Fars, el país persa aplicará el principio de reciprocidad, atacando infraestructuras enemigas que anteriormente se consideraban fuera de peligro.
Amenaza directa a la infraestructura regional
La Guardia Revolucionaria iraní (IRGC) elevó la presión al emitir una alerta para que el personal civil se aleje de instalaciones estratégicas en países vecinos, las cuales han sido declaradas “blancos legítimos”. Entre los objetivos señalados para posibles ataques en las próximas horas figuran:
- Arabia Saudí: El complejo petroquímico de Jebel y la refinería Samref.
- Catar: El complejo Messaieed Holding y las plantas industriales de Ras Laffan.
- Emiratos Árabes Unidos: Instalaciones petroleras no especificadas.
Antecedentes de la escalada
Este nuevo bombardeo en Asalouye se suma al ataque registrado el pasado 14 de marzo contra la isla de Kharg, centro neurálgico que almacena el 90% del crudo de exportación iraní. En aquella ocasión, Teherán ya había advertido que cualquier nueva agresión contra su sector energético resultaría en la destrucción de toda la infraestructura petrolera y económica vinculada a Estados Unidos en la región. Con el ataque de este miércoles, las autoridades iraníes aseguran que “las líneas rojas han cambiado” y que el enemigo ha cometido un “error fatal” en sus cálculos estratégicos.








