Según reportes de Forbes, el inventario aéreo estadounidense ha perdido el 60% de su capacidad desde la Guerra Fría, contando actualmente con apenas 1100 cazas que promedian los 30 años de edad. En contraste, China ha expandido masivamente sus líneas de fabricación desde 2021 y se proyecta que para 2028 logre producir 300 cazas anuales, superando la flota de aviones J-20 a la estadounidense al finalizar la década. A esto se suman desafíos técnicos en los motores del F-35, cuyas exigencias energéticas pasarán de los 15 kilovatios iniciales a 80 kilovatios con las próximas mejoras tecnológicas, obligando a una modernización urgente de las unidades.
A pesar de que operaciones recientes como “Furia Épica” en Medio Oriente demostraron una alta operatividad, el mantenimiento en el Pacífico se ve afectado por la falta de repuestos. La situación presupuestaria para 2026 agrava el panorama: mientras la meta mínima de adquisición es de 72 jets anuales para sostener la flota, el presupuesto propone comprar solo 24 unidades y retirar 258 aviones. Ante esta brecha táctica, los analistas sugieren que Estados Unidos deberá recurrir a contratos multianuales y acelerar su producción para mantener la disuasión efectiva y el dominio aéreo global.








