Caminar por las calles del centro de Guayaquil se ha convertido en un reto para los peatones, quienes deben esquivar desniveles, piezas de porcelana fracturadas y adoquines sueltos. Un recorrido por sectores de alta afluencia permitió constatar que el daño en la infraestructura es crítico en vías como Víctor Manuel Rendón, donde se contabilizan al menos diez tramos afectados y una veintena de jardineras destruidas. Este deterioro no solo afecta la estética urbana, sino que compromete la seguridad de los ciudadanos, especialmente de adultos mayores y personas con discapacidad que dependen de rampas ahora desgastadas y roturas en el piso para movilizarse.
Comerciantes y trabajadores de la zona señalan que el problema no es nuevo y tiende a agravarse con el tiempo. Elvis Mena, vendedor local, atribuye parte del daño al uso de maquinaria de limpieza que, al pasar sobre piezas ya debilitadas, termina por romperlas. Esta situación ha provocado múltiples caídas de transeúntes que no logran advertir a tiempo las irregularidades de la acera. El panorama se repite en intersecciones estratégicas como García Avilés, Chimborazo y Luque, donde la ausencia de bloques y la acumulación de suciedad en las juntas obligan a las personas a reducir la velocidad o modificar su trayectoria para evitar accidentes.
Ante las quejas ciudadanas por el descuido y el polvo acumulado en estas arterias principales, el Municipio de Guayaquil informó que la situación ha sido remitida al área de Obras Públicas para su respectiva evaluación y atención. Mientras se esperan las reparaciones, los peatones continúan bordeando los sectores más críticos del adoquinado en un intento por mantener la fluidez en sus trayectos diarios. La falta de mantenimiento en estas aceras peatonales sigue siendo una preocupación vigente para quienes laboran y transitan por el casco comercial de la urbe porteña.








