La proliferación de rejas en calles peatonales de Guayaquil ha generado un problema crítico de salubridad, debido a que la apertura irregular de estas puertas impide el ingreso de los camiones recolectores. Ante esta situación, los desechos suelen acumularse en los exteriores de los cerramientos, afectando la circulación y las condiciones sanitarias de los barrios. Para solucionar este inconveniente, el Municipio propuso una reforma que exige la instalación de tachos móviles de 360 litros en los accesos, con una distribución de un contenedor por cada veinte viviendas, facilitando así la concentración y retiro de la basura en puntos visibles.
La nueva normativa también introduce la obligación de separar los residuos en contenedores diferenciados, utilizando el color negro para desechos comunes y el azul para materiales reciclables. Además, se establecen sanciones económicas severas: el incumplimiento de estas disposiciones conllevará multas equivalentes al 20% del Salario Básico Unificado, las cuales serán aplicadas directamente a los representantes de los comités barriales que solicitaron el cerramiento. Con la implementación de señalética y campañas de difusión, la Dirección de Uso del Espacio Público busca ordenar la gestión de residuos sin comprometer la seguridad que los moradores pretenden mantener con las rejas.








