El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reclamó a los gobiernos de Israel e Irán detener de inmediato los ataques militares cruzados, los cuales representan la ruptura del alto el fuego que se había mantenido en la región durante los últimos dos meses. La renovada tensión geopolítica se encendió tras un bombardeo israelí perpetrado contra los suburbios de Beirut, acción a la que la república islámica respondió con el lanzamiento de una salva de misiles hacia territorio israelí, desencadenando una posterior réplica del ejército de Tel Aviv contra diversas ciudades iraníes, incluida la capital, Teherán.
A través de su red social Truth Social, el mandatario estadounidense enfatizó la urgencia de frenar los bombardeos y aseguró que ambas partes mantienen el interés de alcanzar un cese al fuego definitivo, advirtiendo que las negociaciones diplomáticas avanzan a menos que la ignorancia o la estupidez se interpongan en el camino. Los efectos de la reactivación del conflicto se sintieron con fuerza en Jerusalén y Teherán, donde se reportaron fuertes explosiones y alertas antiaéreas, obligando a las autoridades israelíes a decretar el cierre total de las escuelas y a mantener a sus tropas en estado de alerta máxima.
La preocupante escalada militar tuvo un impacto inmediato en la economía global debido a las repercusiones comerciales en el estratégico estrecho de Ormuz, una vía crucial para el comercio de hidrocarburos que se encuentra bloqueada casi por completo por las fuerzas iraníes. A este escenario se sumó el anuncio de los rebeldes hutíes de Yemen sobre la prohibición de navegación para buques israelíes en el mar Rojo. Como consecuencia de la incertidumbre generalizada, el precio del barril de crudo Brent se disparó alrededor del 5% rozando los 100 dólares, mientras que las principales bolsas del mundo registraron severas caídas.








