Los trabajos de renovación urbana que ejecuta la Municipalidad de Guayaquil en la avenida Rodolfo Baquerizo Nazur, en la ciudadela Alborada, avanzan en medio de la creciente preocupación de los comerciantes y residentes del sector. Los propietarios de los negocios locales aseguran que la ejecución de la obra ha sido más lenta de lo esperado y consideran poco probable que se cumpla el cronograma oficial, el cual estipula finalizar la primera etapa antes de iniciar la siguiente fase en agosto. Desde que se aplicaron las restricciones de circulación y los cierres viales, los establecimientos comerciales han experimentado una drástica disminución en sus ingresos, lo que ha obligado a algunos propietarios a reducir personal y a implementar medidas desesperadas para captar a los peatones.
El impacto económico es evidente para ciudadanos como Franklin León, dueño de un local de muebles, y Cristian Fernández, propietario de un negocio de empanadas, quienes calculan bajas en sus ventas de entre el 50 % y el 70 % debido a que los clientes ya no tienen espacios para estacionarse. A esta situación se suma el malestar de los residentes por la congestión vehicular en las calles aledañas, donde trayectos en transporte público que antes tomaban 20 minutos ahora superan los 45 minutos. Aunque los afectados reconocen la necesidad de esta intervención de 3.9 millones de dólares —que contempla la renovación de redes de agua potable, alcantarillado y drenaje—, exigen de manera unánime una mayor celeridad a los trabajadores y contratistas para mitigar las pérdidas y garantizar el respeto a los plazos establecidos.








