Transformar una idea en un modelo de negocio sostenible en el tiempo demanda superar múltiples retos de gestión. Para el lojano Juan Castro, fundador del restaurante Maqya, ese proceso inició como un proyecto personal que, al cabo de dos años de operaciones, logró establecerse en el mercado local y sentar las bases para proyectar nuevas metas de expansión operativa dentro del sector gastronómico.
Una vez alcanzada la estabilidad comercial, la prioridad del emprendimiento se centró en la obtención de capital para fortalecer la infraestructura operativa y responder a la demanda de crecimiento. De acuerdo con Castro, disponer de recursos financieros resultó fundamental no solo para sostener las actividades del establecimiento, sino también para abrir nuevas plazas de trabajo, dignificar el oficio y ofrecer oportunidades de desarrollo laboral a otras personas dentro de la comunidad.
En este trayecto, el negocio accedió a financiamiento mediante una línea de crédito PyME otorgada por el Banco del Pacífico, lo que facilitó la inyección de capital requerida para sus planes de escalabilidad. El fundador de la marca resaltó el valor del acompañamiento del sector bancario como un factor motivador para la iniciativa privada, permitiendo que el emprendimiento mantenga su dinamismo comercial e impacto socioeconómico positivo en la región.








