La tensión política en Estados Unidos alcanzó un nuevo máximo este lunes con la exigencia formal de la Casa Blanca para que las cadenas ABC y Disney despidan al presentador Jimmy Kimmel. El conflicto estalló a raíz de un chiste emitido por el humorista el pasado 23 de abril, en el que se refirió a la primera dama, Melania Trump, como una “futura viuda”. Tras el tiroteo registrado el sábado durante la Cena de Corresponsales, del cual el mandatario fue evacuado de emergencia, la administración Trump calificó las palabras del comediante como un “despreciable llamado a la violencia”.
Melania Trump se sumó a los reclamos calificando a Kimmel de “cobarde” y cuestionando la ética de la cadena televisiva por permitir comentarios que, a su juicio, rebasan los límites de la sátira. Por su parte, el presidente vinculó directamente la retórica del programa con las intenciones del sospechoso detenido, quien este lunes comparece ante un tribunal federal. Mientras los republicanos denuncian un clima de odio promovido desde los medios, el caso reabre el intenso debate sobre la libertad de expresión y la responsabilidad de los comunicadores en una nación profundamente polarizada.








