El gobierno de China confirmó este viernes que un buque cisterna, operado por propietarios y tripulantes de su nación, fue objeto de un ataque en el estrecho de Ormuz el pasado 4 de mayo. Ante este incidente inédito que afecta directamente a sus ciudadanos, el Ministerio de Relaciones Exteriores manifestó su profunda preocupación por la vulnerabilidad de las embarcaciones comerciales en esta ruta marítima estratégica. Aunque no se reportaron víctimas mortales entre el personal asiático, la agresión subraya la fragilidad de la seguridad energética global, considerando que Beijing depende de este corredor para importar más de la mitad del crudo que consume por vía marítima.
La diplomacia china, encabezada por el canciller Wang Yi, ha intensificado sus gestiones ante Irán para buscar una solución pacífica que garantice el libre tránsito y proteja la integridad de las tripulaciones internacionales. Beijing subrayó que el cese de las hostilidades es un interés compartido por la comunidad global, especialmente tras el estancamiento de las iniciativas de escolta naval y la persistencia de los enfrentamientos en la región. En un contexto de tensiones comerciales y geopolíticas, el régimen de Xi Jinping busca desempeñar un papel mediador más activo para evitar que la inestabilidad en Oriente Medio comprometa definitivamente su provisión de combustibles.








