Las Fuerzas Armadas de Irán lanzaron una severa advertencia a los países del Golfo Pérsico, señalando que cualquier asistencia o facilidad prestada al ejército de Estados Unidos será considerada una participación directa en las operaciones militares norteamericanas. El pronunciamiento, difundido por el general Ali Abdollahi a través de la agencia Mehr, cuestionó la presencia de aeronaves de combate y aviones cisterna en las bases regionales y desestimó las declaraciones de neutralidad de los gobiernos locales. Este incremento en la retórica bélica ocurre tras el despliegue del portaaviones USS George Washington para relevar al USS Abraham Lincoln en la zona y luego de que Emiratos Árabes Unidos denunciara el lanzamiento de misiles balísticos iraníes contra la navegación marítima, alegato que Teherán rechazó.
Ante los incidentes en el mar, la diplomacia emiratí suspendió de forma indefinida las transacciones financieras y el intercambio comercial con Irán, en un escenario cruzado por la parálisis de las negociaciones diplomáticas. Tras el vencimiento de la tregua de sesenta días pactada en junio, las conversaciones entre Washington y Teherán quedaron interrumpidas. Mientras las autoridades iraníes exigen el fin de las operaciones militares, el levantamiento del embargo petrolero y la eliminación del bloqueo naval, la administración estadounidense sostiene la vigencia de la presión sobre el estrecho de Ormuz, donde el tráfico marítimo comercial se mantiene sensiblemente reducido respecto a sus niveles habituales a pesar de los esfuerzos de mediación impulsados por actores regionales como Catar y Omán.








