El uso de espacios públicos para realizar necesidades biológicas se ha convertido en una problemática crítica que afecta la convivencia en el norte, centro y sur de Guayaquil. Moradores de zonas como la avenida Miguel Alcívar, en el norte, y la intersección de Esmeraldas y Ayacucho, en el centro-sur, aseguran que conductores, recicladores y personas en situación de calle orinan frecuentemente en postes y paredes. Esta situación no solo genera olores insoportables que se intensifican con el calor, sino que también perjudica directamente a los negocios locales, ya que los clientes evitan consumir alimentos en sitios donde el hedor es persistente.
Testimonios de vecinos coinciden en que estas conductas ocurren mayoritariamente durante la noche y la madrugada, aunque también se registran casos a plena luz del día, incluso ante la cercanía de personal de vigilancia. La indignación ciudadana ha escalado recientemente tras la viralización de videos en redes sociales que muestran a personas cometiendo estos actos desde vehículos en movimiento. Ante la falta de controles efectivos, los propietarios de locales y residentes se ven obligados a limpiar diariamente sus exteriores con desinfectantes para mitigar la contaminación ambiental que rodea sus hogares y puestos de trabajo.
Actualmente, el Municipio de Guayaquil mantiene vigente una ordenanza que sanciona estas infracciones con multas que ascienden a 96,40 dólares por primera vez, equivalente al 20 % del salario básico unificado. En casos de reincidencia, la normativa estipula que el monto se duplica a 192,80 dólares. A pesar de la existencia de estas multas, la comunidad exige una mayor vigilancia y el uso de cámaras de seguridad para identificar a los infractores, pues consideran que la falta de aplicación de la ley fomenta la repetición de estas conductas que degradan la higiene urbana.








