La transición del modelo agrícola convencional al cultivo orgánico representa un proceso exigente que puede tomar hasta siete años para rehabilitar tierras desgastadas por el uso continuo de agroquímicos. Especialistas del sector explican que la producción limpia demanda un riguroso enfoque preventivo mediante la desinfección del agua, el uso de ceniza o cal en las semillas y la incorporación oportuna de abonos naturales para fortalecer las plantas frente a las plagas. Este sistema busca salvaguardar el entorno y prevenir problemas graves de salud en los agricultores de edad avanzada, evitando además la llegada de trazas químicas o metales contaminantes a la mesa de los consumidores.
A pesar de sus beneficios nutricionales y ecológicos, la producción alternativa resulta entre un 30% y un 50% más costosa debido a la mayor frecuencia con la que se deben aplicar los bioinsumos. Frente a este desafío y a la falta de valoración comercial en los mercados habituales, agrupaciones como la Unión de Organizaciones de Productores Agroecológicos de Tungurahua (Pacat) reúnen a 24 asociaciones y más de 300 agricultores para comercializar directamente más de 70 alimentos libres de químicos en ferias de la provincia, fomentando el consumo responsable y la elaboración de derivados naturales mediante sistemas de garantía participativa.








