Las universidades ubicadas en el centro-norte de Quito, como la Universidad Católica, la Politécnica Salesiana y la Escuela Politécnica Nacional, han modificado radicalmente su operación debido a las restricciones de movilidad vigentes. Desde la noche del 5 de mayo, el panorama estudiantil ha cambiado: las aulas comienzan a vaciarse a partir de las 18:00 y las clases presenciales se interrumpen para dar paso a la modalidad virtual. Estudiantes de diversas facultades reportan que, mientras la jornada matutina se mantiene estable, quienes asisten por la tarde y noche han tenido que adaptarse a cambios de última hora comunicados incluso cuando ya se encuentran en los campus.
Esta transición ha generado dificultades logísticas para los alumnos que deben trasladarse hacia el sur de la ciudad o a los valles. La incertidumbre sobre la modalidad de las clases ha llevado a los jóvenes a organizarse de formas creativas, como las “clases comunitarias” en casas de amigos, para asegurar la conectividad y cumplir con el toque de queda. Kevin Garcés, estudiante de Administración, señaló que el tiempo de traslado es el mayor obstáculo, pues la brecha entre la salida de la universidad y el inicio de la conexión virtual suele ser insuficiente para llegar a sus hogares.
Aunque los establecimientos de comida y parqueaderos en los perímetros universitarios intentan mantener su actividad, el flujo de personas ha disminuido drásticamente. Para muchos estudiantes, la virtualidad es vista como una medida necesaria pero limitada en términos de aprendizaje, obligando a las instituciones a reactivar sus plataformas digitales de manera intensiva. Por el momento, la modalidad híbrida se mantendrá al menos hasta el fin de semana, a la espera de nuevas disposiciones oficiales sobre la seguridad y movilidad en la capital.








