Mientras la mayoría de los viajeros empacan recuerdos tradicionales, banderas o distintivos nacionales, el cuencano Xavier Riofrío incluyó en su equipaje un particular disfraz de banana que se ha convertido en su sello personal dentro de las citas mundialistas. El aficionado, quien posee una colección de unas doscientas camisetas de fútbol de todo el planeta, seleccionó veinticinco prendas de Ecuador personalizadas con imágenes de platos típicos en la espalda para utilizarlas durante su estancia en territorio norteamericano, reviviendo una tradición que nació en Europa para apoyar al ciclista Richard Carapaz y que ya trasladó a los estadios de Qatar.
Riofrío emprendió el viaje desde el aeropuerto de Guayaquil junto a sus amigos de la universidad Freddy Aguilar y Damián Caldas, con quienes integra un grupo denominado La banda del encebollado. El itinerario de los ingenieros cuencanos incluye reunirse con otros diez compañeros procedentes de Quito para realizar una travesía en carretera de cerca de 4.000 kilómetros que conectará las sedes de Filadelfia, Kansas City y Nueva Jersey. La planificación de esta aventura comenzó en noviembre pasado y ha requerido una inversión individual estimada de entre 4.000 y 5.000 dólares destinados a cubrir la logística de la fase de grupos.
Los hinchas viajan con altas expectativas respecto al ambiente que se vivirá en el extranjero, motivados por la masiva presencia de la comunidad migrante ecuatoriana en los Estados Unidos. El grupo traslada una bandera gigante de tres metros de longitud para flamearla en los exteriores de los estadios y participar activamente en los tradicionales banderazos de la afición tricolor, asegurando además que su permanencia en el torneo se extenderá de forma indefinida conforme el rendimiento del equipo nacional les permita avanzar a las siguientes fases del campeonato.








