El doble terremoto del 24 de junio, con potentes sismos consecutivos de magnitud 7,2 y 7,5, ha provocado una catástrofe en Venezuela que ya registra más de 3600 fallecidos. En el barrio de bajos ingresos La Lucha, en Catia la Mar (estado La Guaira), y en zonas de Caracas como Los Palos Grandes, brigadas de ingenieros y arquitectos realizan inspecciones urgentes para clasificar la habitabilidad de las estructuras. Utilizando etiquetas de colores verde, amarillo y rojo según el nivel de riesgo, las autoridades reportan de forma oficial el colapso de 190 edificaciones y daños en otras 856, aunque una prospección realizada por la NASA estima que la cifra de inmuebles afectados podría ascender a 58000.
La Comisión Presidencial de Habitabilidad, presidida por el ministro de Transporte Francisco Garcés, informó que ya se han efectuado unas 6000 evaluaciones técnicas antes de dar paso a las fases de reparación y reubicación de las familias en pérdida total. La situación ha generado una profunda incertidumbre y resistencia entre los habitantes, muchos de los cuales duermen en carpas en patios y espacios abiertos por temor a nuevos derrumbes. El recuerdo del trágico deslave de 1999 incrementa la preocupación de los damnificados, quienes temen pasar años en refugios estatales y se muestran reacios a abandonar los sectores donde construyeron sus vidas.
En el municipio Chacao, una de las zonas de clase media más costosas de la capital y donde colapsaron por completo tres edificios residenciales, ya se contabilizan 25 inmuebles con la categoría roja de alta peligrosidad tras inspeccionar un tercio de sus estructuras. El alcalde de la localidad, Gustavo Duque, instó a la cautela y aclaró que la etiqueta roja no implica necesariamente una demolición inmediata, sino una revisión profunda para determinar si la obra es recuperable. La urgencia del diagnóstico quedó en evidencia el pasado 3 de julio, cuando parte de un colegio desalojado en el centro histórico de Caracas se desplomó debido a los daños estructurales, afortunadamente sin causar víctimas.








