Los países de África oriental y austral han puesto en marcha planes de contingencia para mitigar los efectos del fenómeno de El Niño, calificado por las Naciones Unidas y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) como un evento que podría alcanzar una magnitud sin precedentes por el calentamiento del océano Pacífico. Según estimaciones del Centro de Predicción y Aplicaciones Climáticas (ICPAC) y del Consejo Danés de Refugiados (DRC), las anomalías meteorológicas alcanzarán su punto crítico entre noviembre y diciembre de 2026, pudiendo extender sus impactos hasta febrero de 2027 y generando un escenario de riesgo que, en su nivel más severo, podría provocar el desplazamiento de hasta tres millones de personas, principalmente en Somalia y Kenia.
Las consecuencias del fenómeno presentarán dinámicas opuestas según la ubicación geográfica del continente. Mientras en África oriental naciones como Kenia, Uganda, Ruanda, Somalia, Burundi, Tanzania y sectores de Etiopía enfrentarán un alto riesgo de inundaciones y deslizamientos, en África austral y la zona del Cuerno de África —incluyendo Yibuti, Sudán, Sudáfrica, Zimbabue, Zambia y Mozambique— prevalecerán sequías severas y elevadas temperaturas. Para reducir la vulnerabilidad territorial, gobiernos de la región han activado medidas preventivas como el mapeo de zonas de riesgo, la limpieza de sistemas de drenaje, el uso de aguas subterráneas y la distribución de semillas resistentes a la falta de agua.
El sector agrícola de África austral se perfila como uno de los más expuestos, con potenciales repercusiones en la seguridad alimentaria, el incremento de precios en productos de primera necesidad y presiones sobre la salud pública. No obstante, especialistas climáticos destacaron que el nivel de preparación institucional y la adopción de sistemas de alerta comunitaria actuales permitirán reducir significativamente las pérdidas humanas y los desplazamientos masivos en comparación con episodios históricos anteriores.








