El consumo nocivo de alcohol entre adolescentes y jóvenes se consolida como una de las principales preocupaciones de salud pública en Quito, provocando un incremento en las consultas psicológicas y psiquiátricas debido a cuadros de ansiedad, depresión y dependencia. La doctora Mayra Nogales, médica psiquiatra, advirtió que el inicio de esta práctica se registra incluso desde los 10 años, especialmente en zonas rurales, y detalló que el 24 % de los jóvenes entre 12 y 17 años ya ha experimentado un estado de embriaguez, según datos de Unicef Ecuador. La especialista explicó que la exposición temprana al alcohol deteriora las vías neuronales de recompensa y dopamina en un cerebro que concluye su maduración a los 22 años, afectando la voluntad y el aprendizaje, al tiempo que destacó la influencia de los patrones de conducta heredados y normalizados en el entorno familiar.
Ante este panorama, que según la corporación Alcohólicos Anónimos afecta de forma preocupante al 70 % de la juventud a nivel nacional, el Municipio de Quito ha intensificado las intervenciones en los alrededores de los principales centros de educación superior como la Universidad Central, la Católica, la Politécnica y la Salesiana. Carolina Andrade, secretaria de Seguridad del Municipio, informó que la Agencia Metropolitana de Control (AMC) ha emitido cerca de 1000 sanciones a estudiantes por libar en la vía pública y ha procedido a la clausura de locales comerciales que operaban como cantinas clandestinas. Para reforzar estas acciones, las autoridades anunciaron la instalación de puestos de mando permanentes y la aplicación de una nueva ordenanza urbanística que erradicará definitivamente los negocios de expendio de licor cercanos a los predios universitarios a partir del 1 de enero de 2027.








