La operación militar denominada “Furia Épica”, que enfrenta a las fuerzas de Estados Unidos contra Irán, ha cobrado la vida de 13 soldados estadounidenses en sus primeras cinco semanas de ejecución, según cifras oficiales del Pentágono. El reporte detalla un saldo de 365 heridos en total, de los cuales 247 pertenecen al Ejército; entre ellos, la agencia EFE identificó a cuatro soldados de origen mexicano. Este balance humano se enmarca en una escalada de violencia que ha afectado diversos puntos estratégicos en la región, incluyendo bases en Arabia Saudita, Kuwait e Irak.
En el ámbito material, el Departamento de Defensa de EE. UU. ha registrado la pérdida de 12 aeronaves y 17 drones MQ-9 Reaper, estos últimos derribados o accidentados desde finales de febrero. Entre las bajas más costosas se encuentran cuatro cazas F-15E Strike Eagle, un avión AWACS E-3 Sentry destruido en la Base Aérea Príncipe Sultán y daños significativos en un F-35 Lightning II tras ser impactado por un misil tierra-aire iraní. Las autoridades estiman que el valor de los equipos destruidos supera los 2.300 millones de dólares, cifra que podría incrementarse debido a los elevados costos de reemplazo y logística.
La intensidad de los combates también ha golpeado duramente a las unidades de apoyo y rescate. Operaciones de búsqueda y rescate en combate (CSAR) en territorio iraní resultaron en la destrucción de dos aeronaves MC-130J Commando II y cuatro helicópteros AH-6 Little Bird, además de daños en helicópteros HH-60W. Los ataques iraníes se han extendido a instalaciones como Camp Buehring en Kuwait y Camp Victory en Irak, donde el uso de drones FPV y artillería ha afectado helicópteros de transporte pesado y naves cisterna, evidenciando una compleja vulnerabilidad en la infraestructura de apoyo estadounidense en el Medio Oriente.








