Las principales calles y avenidas de Teherán se convirtieron este lunes en el escenario de una masiva demostración de fuerza y fervor político durante la procesión fúnebre del fallecido líder supremo, Alí Jameneí, quien gobernó los destinos de la República Islámica durante más de treinta y seis años. La movilización, que se extendió por casi doce horas bajo intensas temperaturas, conectó las emblemáticas plazas de Engelab y Azadi, congregando a millones de simpatizantes del régimen que portaban banderas y lanzaban consignas de rechazo hacia Estados Unidos e Israel, naciones a las que responsabilizan por el ataque que cobró la vida del clérigo y de cuatro integrantes de su familia el pasado veintiocho de febrero. Junto al féretro del líder religioso también se trasladaron los restos de sus familiares, incluida su nieta de catorce meses, en un evento con el que las autoridades buscan proyectar unidad tras los recientes meses de conflicto militar y las duras protestas civiles de comienzos de año.
Al multitudinario acto acudieron las principales figuras políticas y militares del país, entre ellos el presidente Masud Pezeshkian, el comandante de la Fuerza Quds, Ismail Qaani, y el jefe del Parlamento y negociador, Mohamad Baqer Qalibaf. Este último aprovechó la jornada para señalar que, pese al clima de tensión y las demandas populares de represalias, las complejas negociaciones con Washington para dar un cierre definitivo a las hostilidades continúan vigentes bajo términos “difíciles pero posibles”. No obstante, el evento estuvo marcado por la notable ausencia física del hijo y recién designado líder supremo, Mojtaba Jameneí, quien no ha realizado apariciones públicas desde su nombramiento el ocho de marzo debido a las secuelas de las heridas sufridas durante el periodo bélico, lo que mantiene bajo estricta expectativa su participación en el resto de las ceremonias que se trasladarán a las ciudades de Qom, Irak y, finalmente, a su sepultura definitiva este jueves en el mausoleo del imán Reza en Mashad.








